Ecologismo en la empresa.
La responsabilidad con nuestro entorno y la necesidad de seguir unas prácticas sostenibles se están convirtiendo en una obligación más que en una elección que se pueda tomar o no.
Tanto los altos órganos de decisión de las empresas como la Administración Pública han decidido que uno de los primeros gastos a recortar es el de aquellos activos destinados a implementar políticas de protección del medio ambiente. Esto puede ser un error, porque incluso en una coyuntura como la actual, los proyectos que mejor están funcionando, y hablamos de una escala europea, son aquellos que han incluido el factor ecológico entre sus premisas.
No solo el ahorro energético o la racionalización en los medios de transporte pueden ayudar a conservar mejor nuestro equilibrio ambiental, sino que además, en clave estrictamente empresarial, pueden suponer un ahorro de costes de primer nivel.
Por otra parte está la presión social que ejercen los usuarios. Todos recordamos como, hace no tanto tiempo, Mercadona sufrió un importante acoso por parte de los consumidores por ser el único supermercado de España que no tenía previstas políticas de colaboración con bancos de alimentos.
Por su parte, la Comisión Europea ha prometido la creación de dos millones de empleo sólo teniendo en cuenta el factor de la sostenibilidad.
En un mundo en el que las fuentes de energía y las materias primas empiezan a escasear, apostar por una empresa con soluciones “verdes” es una forma, no solo de ayudar a nuestro medio ambiente, sino a nuestro propio bolsillo como empresarios.
Si quisiéramos hablar del fondo ideológico de la cuestión, muchas voces afirman que el actual modelo capitalista sólo es sostenible desde una reforma profunda que tenga en cuenta la cuestión ecológica. Esto radica en uno de los pilares de la teoría económica: No siempre va a ser posible satisfacer las necesidades ilimitadas del consumidor con unos recursos cada vez más limitados.



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